Inicio
Números publicados
Grandes Poetas
Sylvia Plath
Fernando Pessoa
José Ángel Valente
Louis Aragon
Fedro
Normas publicación
Figuras retóricas
Nuestro blog
Libros nuevos
Contacto
Mapa del sitio


contando
 
 
y contando
Fernando Pessoa (1888-1935)

Nació en Lisboa (Portugal) en 1888 y creo que poco se puede decir de este insigne poeta portugués que no se haya dicho ya.

Fue un bicho raro para su época y consiguió vivir gracias a un trabajo de periodista en el que malgastaba 2 horas al día. Lo que le permitía dedicar a la literatura el resto de su tiempo.

Creó un concepto poético nuevo que son los heterónimos, que no debe confundirse con psudónimo, ya que el concepto de heterónimo no es que el autor firme bajo otro nombre, sino que el poeta hace el ejercicio de escribir como otro poeta. La personalidad bajo la que se firma tiene identidad poética propia, siente y casi piensa (en un plano poético) y no puede el autor firmar bajo su nombre ya que en realidad no es él quien escribe. Así Pessoa creó tres heterónimos que son (creo más, pero estos son los más importantes): Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro.

Aunque quizás lo mejor para comprender el concepto sea leer estos versos de su Autopsicografía:

El poeta es un fingidor.
finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente 


Lo que se ha perdido

Lo que se ha perdido, lo que se debería haber perdido,
lo que se ha conseguido y ha satisfecho por error,
lo que amamos y perdimos y, después de perderlo, vimos,
amándolo por haberlo tenido, que no lo habíamos amado;
lo que creíamos que pensábamos cuando sentíamos;
lo que era un recuerdo y creíamos que era una emoción;
y el mar en todo, llegando allá, rumoroso y fresco,
del gran fondo de toda la noche, a agitarse fino en la playa,
en el decurso nocturno de mi paseo a la orilla del mar.

Fernando Pessoa

 

LLUEVE EN SILENCIO

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego…

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece…

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente…
 
Versión de Ángel Crespo

Fernando Pessoa

 

 

PIERROT BORRACHO

En las calles de la feria
de la feria desierta
sólo la luna llena
blanquea y clarea
las noches de la feria
en la noche entreabierta.
Sólo la luna alba
blanquea y clarea
la tierra calva
de abandono y alba
alegría ajena.

Ebria blanquea
como por la arena
en las calles de feria,
de la feria desierta
en la noche ya llena
de sombra entreabierta.
La luna boquea
en las calles de feria
desierta e incierta.

Fernando Pessoa




Francisco Javier Irazoki  aportó el siguiente comentario:

27 de Enero, 2008 - 1:45

Álvaro de Campos es el heterónimo de Fernando Pessoa que más me sorprende. Se ve la mano maestra de Octavio Paz en la traducción:

APUNTE

Se partió mi alma como un vaso vacío.
Cayó por la escalera hasta abajo.
Cayó de las manos de una criada descuidada.
Cayó, hecha más pedazos que los que contenía el vidrio del vaso.

¿Absurdo? ¿Imposible? ¡Ahí está!
Tengo más sensaciones que las que tenía cuando me sentía yo.
Soy un montón de cascos desparramados sobre un tapete que van a
sacudir.

Mi caída hizo un ruido de vaso que se estrella.
Los dioses reclinados en el pasamanos de la escalera
Miran fijamente los cascos en que su criada me convirtió.

No se enojen con ella.
Sean tolerantes.
¿Un vaso vacío era lo que yo fui?

Miran los cascos absurdamente conscientes,
Conscientes de sí mismos, no de ser conscientes.

Miran y sonríen.
Sonríen, tolerantes, a la criada que no lo hizo adrede.

Se despliega la gran escalera tapizada de estrellas.
Un casco brilla, tocado por el fulgor externo, entre los astros.
¿Es mi obra? ¿Mi alma principal? ¿Mi vida?
Un casco.
Y los dioses lo miran detenidamente pues no saben qué hace ahí.

ÁLVARO DE CAMPOS

(c) Es hora de embriagarse (con poesía) | conpoesia@gmail.com